lunes, 18 de abril de 2016

La Feria de Sevilla.

El lejano 5 de marzo de 1847 la reina Isabel II concede a Sevilla el privilegio de celebrar una Feria al año. La fecha para la celebración del evento queda pactada el siguiente 18 de abril y se estima una duración de tres días. Con algo más de un mes los sevillanos preparan la primera feria de abril. Muy diferente a la que hoy conocemos, en un principio se trataba de una feria ganadera.

Por eso se enclavó en el Prado de San Sebastián, zona por donde transitaban las reses, que conectaba con la Puerta de la Carne, y además no quedaba lejos de la Real Maestranza. El 17 de abril, la víspera de su inauguración, se abrió la exposición ganadera en la plaza de toros de la Real Maestranza. Aquella tarde se lidiaron seis ejemplares de la ganadería de Taviel de Andrade y dos de Francisco Arjona, para los diestros Juan Lucas Blanco de Sevilla y Manuel Díaz de Cádiz. El aliciente de aquellos festejos taurinos junto con el desarrollo de la propia feria superó cualquier expectativa, desde entonces La Maestranza formó parte de la Feria.


 
 
El éxito de afluencia fue tal que desde sus orígenes muchas voces la designaron como la primera de las habidas en España. Aquel primer año se levantaron 19 casetas donde se negociaba con vinos, aguardientes, carnes, chacinas…
A la monarca Isabel II se le atribuye la concesión de este privilegio al pueblo sevillano, pero los artífices de todo esto se personalizan en dos ciudadanos adoptados por la ciudad hispalense, naturales del País Vasco y Cataluña, nos referimos a Don José María Ybarra y Don Narciso Bonaplata, respectivamente, quienes promovieron para que se llevara a cabo la feria de abril, rescatando a tal efecto el permiso que Alfonso X, el Sabio, había concedido en 1254 para que se celebraran dos ferias al año en Sevilla: una en abril, y otra en Otoño (concretamente en San Miguel). Esta última se desestimó por coincidir en fechas con la de Carmona, por lo que se concentraron en la primera. Así el Cabildo aprobó el 18 de septiembre de 1846 la celebración de una única feria anual en los días 18, 19 y 20 de abril, antes de que la reina rubricara con su firma la Orden.
El carácter festivo del evento fue ganando terreno al comercial, y rápidamente la aristocracia y a la alta burguesía sevillana se adueñó de la fiesta, aunque el populacho también tomó parte en su disfrute. La evolución de la feria se ha dejado notar en todos sus aspectos, incluyendo su cambio de ubicación. 400.000 metros cuadrados del barrio de Los Remedios constituyen el recinto ferial que se divide en tres zonas: el Real de la Feria, la Calle del Infierno, y los aparcamientos. El Real de la Feria supone el cuerpo primordial donde se desarrolla esta fiesta urbana. 15 calles denominadas con los nombres de los más famosos toreros, 25 manzanas, calzadas inundadas de albero, el mismo que cubre la plaza de toros, dan cabida a más de mil casetas, donde se deja la monotonía del año a un lado y los sevillanos dan rienda suelta a su extraversión.

La calle del infierno es como se bautiza a la zona de las atracciones y de los puestos de los feriantes.

Esta es una fiesta para y por los sevillanos.




Las casetas son privadas, las públicas se cuentan con los dedos de una mano, por lo tanto, si no se está invitado uno se puede sentir descolgado y fuera de lugar. Craso error sería pensar que todos los sevillanos se ubican, en esta semana a los socios de las casetas les suelen salir amigos debajo de las piedras. Si la burguesía se apropió a antaño de esta fiesta, en la actualidad son los propietarios de las casetas, los que alquilan o disponen de coches de caballos…quienes más se exhiben y de más instrumentos disponen para apropiarse de la festividad de estos días.


No hay que olvidar que la Feria es una especie de escaparate para dejarse ver por ello es altamente recomendable ataviarse con un actual traje de gitana ella y una indumentaria campera tradicional con sombrero de ala ancha, él. Aunque son ellas con sus volantes, sus recogidos, sus complementos (avíos, como se dice por aquí), sus trajes ajustados hasta la extenuación quien dan el verdadero colorido al Real.



Mención aparte merecen la portada, mausoleo portátil de unos 50 metros que se levanta año tras año en homenaje a algún edificio, monumento, o como este año a alguna personalidad: Don Miguel de Cervantes.


Tampoco hay que olvidar los festejos taurinos que siempre han ido de la mano de esta fiesta. A las 18:30 una corrida con los mejores toreros del momento llena la Real Maestranza,
 


 
 

 
y ocasionalmente este año hubo otra distracción añadida, nos referimos al partido de futbol en el Sánchez Pizjuan que enfrentó al equipo hispalense y al Ath. Bilbao, correspondiente a los cuartos de final de la Europa League, un suculento menú para la noche del jueves.
 
 

Lejos ya quedan las ferias que se celebraban en tres días. Hoy se dilatan a una semana natural, de la cual los sevillanos suelen visitar el Real de lunes a jueves, dejando el fin de semana para los turistas y aprovechando para hacer una escapada. Aunque este parece ser el último año que empiece el lunes, ya que son muchos los partidarios de trasladar la Feria de sábado a sábado. Existe la tradición de cenar previamente a la inauguración de la semana lúdica, chocos, puntillitas, bacalao, delicias, acedías… pescado frito es la que se conoce como la cena del “pescaito”. Estas viandas preceden al “alumbrado”. Las doce de la noche del lunes es el momento elegido. En ese preciso instante todas las luces de la feria toman cuerpo y este acto es un espectáculo, durante la semana siguiente esta explanada resplandece desde todos lugares donde se alcance a divisar. Finalmente, un espectáculo de pirotecnia, con sus consiguientes fuegos artificiales ponen fin a esta semana de colorido y diversión. Y una semana después uno puede pasear por esa explanada sin notar lo que allí se ha vivido. Todo se ha desmontado. ¡¡¡Hasta el año que viene..!!!

 
fuente: http://media.wsimag.com/attachments/

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