La Basílica de la Inmaculada Milagrosa estaba destinada a disputarle la hegemonía a la Catedral de Sevilla, pero el destino fue esquivo.
Tres aspectos tenían que incidir para que el proyecto que aquí vamos a tratar tomará tales dimensiones.
Todo empezó en 1910, cuando la pequeña imagen de la Inmaculada fue a parar al número 10 de la calle Quevedo.
