sábado, 5 de septiembre de 2015

La Alameda de Hércules. I

Antiguamente Sevilla tenía una gran plaza llamada Laguna, donde desaguaban los barrios colindantes y en las crecidas del Guadalquivir, componía el segundo brazo del río que se iniciaba a la altura de la Barqueta, atravesaba el actual trazado de la ciudad por la Alameda de Hércules, y seguía por las calles Amor de Dios y Trajano, plaza de la Campana, calles Sierpes y Tetuán, plaza Nueva, calles Barcelona, Gamazo, Harinas, Castelar y Arfe, hasta desembocar cerca de la Torre del Oro.se usaban barcas para el transporte de los habitantes y mercancías. Es el peaje que ha tenido que pagar Sevilla a lo largo de la historia debido a una más que accesible orografía, esta facilidad para inundarse propiciada por la altura del terreno, que en muchos puntos está por debajo del nivel de las aguas fue aprovechada ya en tiempos de los visigodos, que incluso habilitaron el desvío del río para proteger sus dominios y dificultar el acceso a sus murallas, al tiempo que podían implementar sus embarcaciones a favor de su defensa. Con la Reconquista aquella descomunal laguna, se le denominó de la Feria por su cercanía al citado barrio, y así fue hasta finales del siglo XVI. En invierno inundada y en verano selva de matorrales e insectos, aquella pestilente extensión de terreno en el centro urbano, nido de enfermedades e infecciones de todo tipo, se convirtió tras una ardua y concienzuda labor de limpieza y escombro en lo que se denominó la Alameda, se  construyeron dos grandes canales en ambos extremos que iban a desaguar al río y se plantaron álamos, naranjos ,cipreses….estos  árboles adquirieron tanta preponderancia 
en el paisaje que dieron nombre a plaza dejando una calle central con varias fuentes de suntuoso mármol y además el precursor de todo este cambio:
El conde de Barajas se empeñó en traer desde la calle Mármoles dos columnas de las seis que por aquel entonces se le atribuían al fundador Hércules. Sin embargo la bonita idea original fue rebatida por el hecho de que las tres columnas que quedaron huérfanas de las dos que se erigen en la Alameda más la que se rompió al acometer el traslado al Alcázar, constituyeron el pórtico de un templo construido por Adriano, cuya construcción data del siglo II d. C. Además se contrataron los servicios del artista Diego Pesquera para que culminara ambas columnas con las figuras de Hércules y Julio Cesar, fundador y renovador de Sevilla, La columna de Hércules fue dedicada a Carlos V, y la de Julio César a Felipe II, adoptando los rostros del emperador y su hijo. Las maquetas son conocidas popularmente por los herculitos y reposan en la calle Amor de Dios. Dos siglos después se construyeron dos columnas en el extremo norte de la plaza con sendos leones que protegen los escudos de Castilla-León en una y el de la propia ciudad en la otra.
En un principio se llamaba la Alameda Vieja, para distinguirla de la que se la del paseo del río, posteriormente ya pasó a denominarse La Alameda de Hércules. Si algo ha caracterizado a esta vía, a lo largo de los tiempos ha sido y es el ocio. Durante el día tenía sus principales focos en los kioscos, que se complementaban con los espectáculos al aire libre de cine, cante y baile… más o menos como hoy en día, cuando la madrugada se hacía presente los bares de alterne de los alrededores, los cabarés y las casas de citas tomaban el relevo. Había, pues, dos Alamedas, la diurna familiar, y la nocturna de juergas y sexo. De hecho el primer cine de verano de Sevilla fue instalado en la Alameda de Hércules en 1906. El paseo se convirtió en el primer multicine mudo familiar de la historia, pues se instalaron varios durante los años veinte.
A medida que se fueron creando nuevas zonas urbanas con plazas o jardines, la Alameda de Hércules registraba altibajos. Así sucedió con las plazas de la Magdalena (1850) y Nueva (1850), con los Jardines de Cristina (1829), el Arenal (Siglo XVII) y el paseo de Catalina de Ribera (1862). Todos estos lugares de expansión ciudadana tuvieron épocas de preferencia para los paseos a pie y en coches de caballos, pero las gentes volvían a la Alameda de Hércules. Sin duda, la mayor competencia la ejerció el paseo del Arenal, que permitía largos y cómodos paseos a caballo y las damas podían exhibir sus extravagancias e indumentarias con decoro, pero vida nocturna, la vida alegre de las noches veraniegas seguía siendo dominada por la Alameda.
Tanto es así, que a principios del siglo XX  rivalizó con Triana como foco fundamental del flamenco. Y así se deja ver en los monumentos exhibidos: un busto, representa a Pastora Pavón, «La niña de los Peines». Aunque gravemente enferma, la propia artista asistió a la inauguración de su monumento. Una imponente figura de Manolo Caracol también adorna la víaTras ocupar el espacio sur de la Alameda, e incluso varios años desapercibido en el interior del recinto de la Casa de las Sirenas, llegó al enclave actual en el año 2009. La terna se completa con la escultura de Chicuelo, que sin ser una figura del flamenco, bien merece ser mencionada en esta ruta por la estrecha vinculación que siempre ha existido entre este arte y la tauromaquia
Muchos de estos cantaores, y otros tantos que querían probar suerte, fueron forjando su garganta y temple en unos negocios que, sin pretensión inicial, terminaron por ser los «auditorios populares» del flamenco. Por último son dignas de mención dos escuelas. Una de cante y otra de baile. Dos auténticas instituciones, que actualmente siguen dando talentos al mundo de la canción:Paloma San Basilio, Tamara o Pastora Soler, son muestras de ello.
Otra academia que cerró en 1966, aunque su fachada en la calle Trajano sigue envuelta en un duende de arte es la de Realito, sobrenombre de Manuel Real, el flamenco que llegó a actuar ante el mismo rey Alfonso XIII.

La tauromaquia también está presente en el paseo, José  Gómez Ortega “Joselito El Gallo” es el principal responsable de ello, vivió toda su vida aquí y cuando Sevilla entera se volcó en su entierro, donde lo destinó el toro “Bailaor”, tras una cornada mortal, los restos del torero fueron paseados por toda la ciudad y cuando se atravesó la Alameda a su paso entre las columnas de Hércules y Julio Cesar, alguien dijo que de los rostros de estas estatuas  derramaron lágrimas.
La Alameda fue el escaparate elegido por los nobles y gente pudiente para exhibir los caballos de la nobleza y mostrar las damas de la alta sociedad sus joyas, vestimentas, posteriormente se convirtió en el lugar preferido de los ilustrados y progresistas. Este carácter bohemio y culto aún se rezuma actualmente, no tiene uno más que sentarse en una terraza y seguro que atisba a un visitante disfrutando de un café y la lectura de un libro unas mesas más allá.


Sin embargo faltaríamos a la verdad si no hiciéramos mención del hecho de que esta vía fue no hace muchos años tomada por personajes, según palabras de Antonio Burgos,”de la mala vida sevillana como putas, maricones, cantaores, sablistas, alcahuetas y timadoras” se convirtió por tanto en una zona, pasto de delincuencia que suponía una amenaza para la gente honrada. Esta situación en el centro de la ciudad no podía continuar, así pues en se acometió la última y gran reforma, y en las navidades del 2.008 se produjo la reapertura de este paseo recuperando su encanto que había perdido por el camino.












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