miércoles, 12 de octubre de 2016

Iglesia del Salvador. II.

 
 
“Cerremos esta iglesia antes que ocurra una desgracia”.
Dicho y hecho, ese mismo año, en 1671, se procede a la demolición y más tarde se elige a Esteban García para dirigir las obras, se toma como modelo la Catedral de Jaén por lo que se consulta a su principal arquitecto: Eufrasio López de Rojas. La obra se sufraga con la colaboración de los Pineda, Pedro Roldan y la propia Iglesia de Sevilla, muy comprometida con el proyecto. Además se cuenta con las ayudas de la feligresía. En tan solo cinco años, entre 1674 y 1679 el templo se había levantado, aunque el último ejercicio se despidió a Esteban García y lo relevó Pedro Romero. La madrugada del 24 de octubre de 1.679, con el edificio casi terminado, se desplomó el complejo con la excepción de los muros exteriores. Todas las culpas señalaron al arquitecto titular durante los primeros cuatro años de la construcción. El Cabildo no dudó a la hora de demandarlo.


Otra vez el solar estaba plagado de cascotes, al igual que hacía menos de una década cuando se había demolido la antigua Mezquita. Tras el desasosiego inicial los canónigos de la Colegial se sobrepusieron y empezaron a recaudar los recursos económicos necesarios para levantar una nueva iglesia. 
Insistieron en la devoción popular, reforzada por las limosnas recogidas en las Indias. Aunque se comenzaron las obras con estos fondos, el sucesivo desarrollo de las obras requería un caudal continuo de ingresos, por lo que se recurrió a una incesante cantidad de limosnas, e incluso los canónigos tuvieron que recurrir a la venta de objetos antiguos y valiosos. Seguramente uno de los apellidos que más contribuyó a esta construcción fue la familia Pineda, no en vano tuvo su capilla funeraria en esta iglesia.
Se conocía la existencia de esta capilla en el patio, pero no fue hasta el 2004, gracias a unas excavaciones realizadas en un almacén adjunto que utilizaba la Hermandad de Pasión de la Semana Santa sevillana, cuando salió a la luz este hallazgo. Los Pineda fueron enterrados durante casi dos siglos en esta capilla, siendo catalina Pineda la última de los miembros de este linaje de la que se tiene constancia que fue enterrada ya en el siglo XVI.

Se apunta también que aquí habrían recibido sepultura Pedro de Pineda, sevillano fallecido en 1436 en una expedición de reconquista de Gibraltar, y su padre, Francisco Bernal de Pineda, que fue nombrado por el rey Pedro I escribano mayor de Sevilla. Al menos los restos de ocho miembros, enterrados entre los siglos XIV y XVI reposan en este lugar santo.  Por esas fechas, la familia se emparentó con los Ponce de León. Fue entonces cuando sus descendientes pasaron a recibir sepultura en otra capilla funeraria situada también en la antigua iglesia del Salvador.
http://leyendasdesevilla.blogspot.com.es/2011/03/iglesia-del-divino-salvador.HTML
 
 Los trabajos arqueológicos han permitido ver como la capilla funeraria estaba abierta en sus lados norte y sur, aunque probablemente delimitada por rejas, y cerrada en su lado este aprovechando el muro de la antigua mezquita del siglo IX que se encontraba bajo la actual iglesia. Este hallazgo es visitable y se trata del único espacio medieval del complejo que queda intacto de techo a suelo, además de ser la única capilla funeraria de los siglos XIV y XV que haya sido descubierta. Pero, como era de prever su ubicación en los subsuelos del recinto impide que sea accesible para todos los públicos.
http://www.eea.csic.es/investigacion/planimetria-de-la-iglesia-colegial-del-divino-salvador-Sevilla
Se respetaron los planos existentes y  también se niveló el terreno y se sacó a la iglesia del hondón en el que se sumergía hasta ese momento, edificando un andén escalonado en el frente de la fachada principal que equiparaba éste a los existentes en la Catedral y en El Archivo de Indias. Por razones obvias está prohibido utilizar estas gradas para sentarse a beber, como suelen colocarse más de uno, a “adornar” el entorno de la Plaza.
 

Se volvió a consultar a López de Rojas, incidiendo en los aspectos referentes a la seguridad, también se recurrió al asesoramiento del responsable de la Catedral de Granada: José Granados de la Barrera. En 1680 se reanudan las obras, asignando la dirección a Francisco Gómez Septién, quien abandona el encargo 14 años más tarde ante la denuncia bien argumentada de la estrechez de los muros. Sin duda, los desastres acaecidos previamente habían puesto en sobre-aviso a todas las voces influyentes. Sin embargo, estas denuncias no fructifican y tras recopilar opiniones reputadas sobre la seguridad del edificio y se reanudad los trabajos, dos años después fallece Francisco Gómez y es Leonardo de Figueroa quien toma el relevo.
Hacemos un inciso sobre la figura de Leonardo de Figueroa y Reina que es, sin duda, la más importante de la arquitectura barroca hispalense. Aunque nació hacia mediados del siglo XVII en Utiel (Valencia), su actividad se desarrolló en Sevilla y como ha afirmado Sancho Corbacho puede considerársele como el verdadero "fundador de la arquitectura barroca sevillana".
De 1696 a 1711, bajo la dirección de este afamado arquitecto muy prolijo en el paisaje arquitectónico de Sevilla, se acentúa la decoración interior de la nave, así como la sensación y disposición espacial.

Se ocupa desde 1696 y hasta casi su culminación, en 1711. En este caso le corresponde a Figueroa cubrir el templo y realizar las bóvedas y la cúpula; al tiempo que diseña la decoración que reviste su interior, tallado en piedra. También le corresponde configurar su espléndida fachada, que por acomodarse a la estructura del interior presenta un pesado frente a la manera de las iglesias contrarreformistas, con dos cuerpos de altura y el recurso de dos grandes roleos curvos para vincular ambos cuerpos, sustituyendo el clásico frontón por una ligera espadaña flanqueada por dos pináculos.
En 1712 bajo las órdenes de Diego Antonio Díaz se da por concluido el nuevo templo cristiano: una gran iglesia de estilo barroco y planta rectangular. Más de 30 años de trabajos, frente a los 5 de infausto recuerdo, son suficientes para garantizar un buen trabajo, que hoy en día se puede contemplar con satisfacción y sin ningún asomo de ruina. Aunque es cierto que a mediados de 2003, debido a un llamativo deterioro en la iglesia, se procedió a efectuar un profundo trabajo de restauración que se prolongó 5 años.




Torre Almiar del Patio de los Naranjos, que se salvo de los derrumbes, donde está presente el trabajo de Leonardo de Figueroa, en su cuerpo más alto.
 
La Cruz de Polaineros que nos encontramos en el Patio de los Naranjos del Salvador no se debe con fundir con la otra cruz, llamada de Culebras, dispuesta a unos metros de aquí en la confluencia con la calle Villegas, sobre la que nos detendremos en la próxima entrada.
Esta Cruz se alojó en la desaparecida plaza de Polaineros cerca de aquí en la calle, que actualmente se denomina Álvarez Quintero. Fueron los vecinos de la colación los que decidieron sustituir la Cruz por una de mármol, y llevársela al patio del templo, donde hoy se encuentra. Sin embargo una teoría mucho más atractiva nos habla de una disputa callejera durante la procesión del Corpus de 1840 que degeneró en la muerte de un inocente ciudadano, y consecuentemente se trasladó la nueva cruz con el fin de purificar el sitio del altercado, terminando la Cruz que nos ocupa en el contiguo Patio de los Naranjos.



Ya nos hemos informado sobre la historia del edificio en sí y hemos estudiado un poco su patio de naranjos, antes de adentrarnos en el interior del templo vamos a detenernos en su exterior, es decir en la Plaza del Salvador y en la propia fachada de la iglesia que se funde con la propia Plaza. Pero esto lo trataremos en la próxima entrada.
Continuará…

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