lunes, 2 de abril de 2018

El Cachorro


Foto de Victoria Vallecillo.
 
 
El origen de la Hermandad no está bien documentado, aunque se admite que surge en una fusión de dos hermandades: la hermandad de Nuestra Señora del Rosario o de las Cuevas y la del Santísimo Cristo de la Expiración. La evidente carencia de imágenes que ofrecía la nueva Hermandad hacia bien entrados en el siglo XV, propició el consenso de los cofrades para remediar este hecho. Se recurrió, tras estudiar  algunas propuestas al que consideraron el imaginero de Sevilla más adecuado para realizar una talla del Cristo dela Expiración que se pudiera igualar a los trabajos de unos predecesores tan brillantes y excepcionales como Martínez Montañés, Juan de Mesa o Pedro Roldán. El maestro contratado fue Francisco Antonio Ruiz Gijón.

Francisco Antonio Ruiz Gijón, quien no se tomó el encargo a la ligera y vio en este el punto de inflexión en su carrera que le permitiera resurgir de una época sin la suficiente inspiración que lo estaba encaminando a la mediocridad. Y aquí comienza la leyenda ya que una noche, harto de iniciar bocetos y figuras de barro que le suscitaban más dudas que certezas se dirigió a la capilla donde iba a recogerse su trabajo en busca de inspiración divina. Ya estaba en las inmediaciones de la sede cofrade cuando se cruzó con un caballero que azuzaba con presteza a su montura y del que solo pudo distinguir su porte altivo y una generosa capa que lo cubría. Un poco más allá un tumulto de gente recabó la atención del artista, quien se dirigió rápidamente lleno de curiosidad y pudo contemplar la agonía de un moribundo esforzándose por esgrimir unas palabras que seguramente pudieran incriminar a su asesino. Pero una ostentosa daga atravesaba su pecho y le había arrebatado su vida. El maestro aparcó su curiosidad como viandante y se ayudó de un carboncillo y papel que siempre llevaba consigo para esbozar la agonía de un hombre que se resistía a morir entre los abrazos e intentos de recomponer la figura de la víctima por los conocidos allí presentes, ocupados evitar lo irremediable.
El jadeante cuerpo había pertenecido a un apuesto gitano, muy ducho en el arte de la guitarra que granjeaba amistades entre los suyos que lo conocían como “el Cachorro”. Por aquella época los gitanos no solían frecuentar la otra orilla del río, pero el cachorro acudía con asiduidad a esta zona. Este gitano al que no se le conocían mujeres, a pesar de su buena planta, se le había visto con una señorita que residía lejos de Triana y visitaba por las tardes. Esto fue la causa de su muerte ya que la fémina era pretendida por un señorito que no aceptó que el gitano la cortejara. Tiempo después se descubrió que la lozana muchacha era la hermana bastarda de “el Cachorro”.
Cuando la imagen del Cristo procesionó, a su paso por las calles de Triana, los conocidos y amigos exclamaban que era el Cachorro, efectivamente aquel Cristo de Francisco Antonio Ruiz Gijón reproducía fielmente el semblante del gitano durante su últimos instantes de vida. El maestro había cumplido con creces el encargo dispuesto en 1682 por se comprometía a tallar un Cristo expirante en la cruz, justo antes del momento de su muerte.

Grabado al aguafuerte, aguatinta y barniz blando sobre papel  NORLER

Una segunda leyenda del Cachorro se centra en el incendio del que fue objeto la capilla del Patrocinio en 1973. Gracias al aviso de unos niños que estaban jugando por la calle Castilla y que vieron que salía humo de la capilla y a la rápida intervención de un hermano cofrade se pudo salvar esta pieza, no así la de la Virgen del Patrocinio que fue sustituida por una réplica exacta.  El Cachorro sufrió serios daños en el costado y la pierna y talón derecho, así como en su encarnadura que quedó completamente ahumada. La restauración fue asignada a los hermanos Cruz Solís que unos meses después ya habían conseguido restituir los desperfectos. Pues no faltan las voces que colocan al verdadero Cachorro, al que se originó en 1682, en algún lugar del cementerio de San Fernando, siendo imagen original, sustituida por una copia realizada por los restauradores.  Y en la misma línea diremos que en uno de los lugares más visitados del cementerio, el panteón de don Aníbal González y Álvarez-Ossorio, contiene en su interior una espectacular imagen del Cachorro, que dicen que es la auténtica.



Fue el segundo Cristo sevillano seleccionado para el Vía Crucis de la Jornada Mundial de la Juventud 2011 en Madrid. Lo que es evidente es que estamos ante una de las imágenes más representativas de la imaginería sevillana. 
Como curiosidad añadida, cabe añadir que la talla presenta un ojo de color marrón y el otro verde.
https://sevillaellegado.blogspot.com.es
 

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